2026: Revolución Solar para Consultantes del Destino
Manual irónico para no confundir el mapa con el territorio
Lo que viene del Otro no es el futuro, es el síntoma.
Cada fin de año nos encuentra ante una encrucijada predecible: ¿qué nos depara el futuro? La escena es siempre similar —una astrología en oferta, el horóscopo de moda, un tarot por WhatsApp o una app que calcula la revolución solar con precisión matemática y vocabulario automático.
El sujeto contemporáneo, aun con acceso a discursos complejos, parece demandar lo mismo de siempre: que le digan qué hacer, qué esperar, a qué temer y, si es posible, en qué mes le va a ir bien en el amor.
Pero cuando el deseo se terceriza y se alquila el porvenir en cuotas, lo que queda desplazado es la responsabilidad subjetiva. Se cree que se consulta el destino, pero en realidad se consulta al Otro para evitar tener que desear.
Pedirle al destino una forma es renunciar a inventar la propia.
La revolución solar no es una tragedia griega ni una sentencia cósmica. Es apenas un recorte más entre los tantos que intentan dibujar un borde donde no hay forma. Pero el problema no es consultar el cielo, sino esperar que la verdad venga de allí.
La clínica del lenguaje nos enseña que la verdad no se revela: se construye en acto, se tramita, se desarma. No hay afuera que diga quién se es. Ningún planeta puede responder por el deseo del sujeto.
El analista del lenguaje no predice.
Interroga. Raspa. Rompe las ficciones protectoras que evitan el acto. Y es por eso que, en lugar de horóscopos, lo que este dispositivo propone es una lectura del modo en que se pide una lectura: ¿Qué se espera que el otro diga? ¿Qué se espera no tener que asumir?
El signo zodiacal es el significante más difundido de la época
para no saber quién se es.
¿Firmar un pacto con uno mismo?
A fin de año proliferan los rituales. Saltar la copa. Quemar intenciones. Escribir en papelitos lo que se quiere dejar atrás. Pero pocas veces se ve que alguien se comprometa con su deseo más allá del gesto simbólico o del acting performático.
Firmar un pacto con uno mismo implica dejar de pedirle al Otro la garantía de lo que se es o se será. Y eso, claro, no se resuelve con consejos ni con eslóganes de autoayuda.
Lo que este dispositivo sugiere es otra cosa: una lectura impersonal de lo más íntimo. Una cartografía del síntoma. Un mapa del fuego.
¿Te resonó algo de esto?
Este artículo forma parte de El Cartógrafo del Fuego, un espacio editorial y clínico para quienes viven experiencias de desorientación simbólica, crisis identitaria, migraciones, duelos, síntomas no clasificados, cambios de nombre, estructura o deseo.
Si querés trabajar con este dispositivo, sumate a la lista de espera para sesiones individuales:
El 2026 no te va a decir nada.
Ni los astros, ni el tarot, ni tu ex.
El que tiene que hablar, sos vos.
Y eso —lo sabés— es lo más difícil.
Pero también lo único que vale.
Angel Amado
Analista del lenguaje
Trabajo con la escucha, la lengua y la escritura como herramientas de lectura de escenas, para ordenar situaciones donde la palabra, el cuerpo o la decisión quedan en suspenso.
NOTA ACLARATORIA
Este espacio no reemplaza tratamientos médicos, psicológicos o psiquiátricos.
No se realizan diagnósticos de salud mental ni se tratan urgencias clínicas.
El trabajo se centra exclusivamente en la palabra y la elaboración simbólica.



