¿Amor o temor?
Hay dos caminos desde donde podemos vincularnos con el otro: el amor o el temor.
El amor no pide garantías. Se entrega. No calcula, no hipoteca el presente esperando resultados. El amor escucha, se expande, se queda cuando tiene sentido y se va sin destruir cuando el ciclo se cumple. El amor tiene raíz en sí mismo. Y por eso no mendiga, no vigila, no exige devoluciones inmediatas.
El temor, en cambio, siempre está haciendo cuentas. Resta, mide, se atrinchera. Se pregunta quién quiere más, quién se irá primero, quién tiene el poder. El temor no quiere compartir la vida: quiere asegurarla. Desde ahí, el vínculo se convierte en territorio de defensa. Lo que debería ser espacio sagrado se vuelve trinchera emocional.
¿Estoy contigo porque me elijo a mí mismo más cuando te elijo a ti…
…o estoy contigo porque me da pánico que no haya nadie más que me elija?
Amar desde el miedo nos lleva a controlar, a ceder de más, a castigarnos por necesitar. Amar desde el amor, en cambio, nos devuelve dignidad. Nos conecta con el cuenco interior donde ya somos abundancia, incluso cuando la relación no es perfecta. Donde no hace falta actuar para ser amado, ni disimular la herida para ser aceptado.
Amar no es no tener miedo.
Es no obedecerlo.
Si al vincularte sentís que tenés que volverte menos para no ser dejado, que tenés que estar siempre disponible para no ser reemplazado, que tenés que dar más de lo que tu cuerpo puede… es probable que estés amando desde el temor.
Y esa versión tuya, aunque sobreviva, no va a florecer.
Amar desde el amor es un riesgo. Pero es el único riesgo que vale la pena.
Todo lo demás es repetición del abandono anterior.
Angel Amado
Escritor, comunicador e investigador independiente.
Explora la relación entre voz, cuerpo y lengua en el campo del análisis y la literatura. Sus textos forman parte de un trabajo de investigación y creación sobre clínica, transmisión y estética en la escritura.
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