Del diario íntimo a la bitácora de actos
Cuando escribir deja de ser desahogo
Hay un momento —frecuente, silencioso— en el que escribir deja de aliviar.
La persona escribe, pero no avanza. Anota, subraya, vuelve sobre lo mismo. Cambia de cuaderno, de aplicación, de formato. La palabra circula, pero no orienta. El gesto es activo; el efecto, nulo.
No se trata de falta de talento ni de disciplina. Tampoco de pereza o bloqueo creativo…




