Economía del goce: el precio de alquilar el cuerpo
Cuando se sostiene una escena para evitar decidir, exponerse o nombrarse.
Hay escenas que no se viven como elección sino como repetición. No se anuncian con dramatismo ni con culpa; se presentan como “lo que hay”, como la única forma posible de sostenerse. Trabajar de más, exponerse de más, ceder el cuerpo, la palabra o el tiempo para que algo —dinero, atención, alivio momentáneo— vuelva. No se siente necesariamente como abus…




