El tren fantasma urbano: del asco al desgaste invisible de trasladarse en la ciudad.
Ruido, olor, miradas y reglas que nadie negocia.
Un infierno acotado y una defensa mínima
A veces el problema no es llegar tarde. Es llegar. Llegar con algo pegado que no se ve: una tensión en el cuerpo, una irritación que no encuentra objeto, una sensación de suciedad que no se arregla con ducharse, un cansancio desproporcionado para la cantidad de minutos viajados.
El transporte público en Nueva York …




